Biología del amor

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tausiet
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3 months agoBusy5 min read

El amor es un sentimiento que define un estado determinado de la mente, haciéndola proclive a desear estar con otras personas. Por consiguiente, cuando es mutuo, tiende a reunir en el espacio y en el tiempo a quienes lo experimentan. La base de esta situación es la existencia de las hormonas, cuya acción es interpretada, modelada, poetizada y hasta ignorada.

Las hormonas son sustancias químicas que se generan en glándulas y se vierten en la sangre. Cuando llegan al cerebro, ayudan a producir distintas emociones (placer, miedo, agresividad, asco…), del mismo modo que las otras drogas. En el proceso del amor intervienen distintas hormonas. Su composición química acompaña a las sensaciones que se experimentan en las sucesivas etapas del acto amatorio.

1.- El deseo
La primera fase del amor es el deseo, y se produce mediante la atracción física, que desencadena una posible segregación de feromonas (sustancias químicas de comunicación), no comprobada científicamente, y de hormonas sexuales: estrógeno y testosterona, estas sí con presencia evidenciada. El estrógeno se origina en los ovarios y modela el tipo humano intuitivo, y la testosterona, producida en los testículos, el racional. Ambas hormonas intervienen en el cortejo. Es más frecuente que un hombre se sienta atraído mediante la vista, y una mujer mediante el oído.

2.- El enamoramiento
Una segunda fase, denominada enamoramiento, tiene que ver con las monoaminas, como la serotonina, la dopamina, la feniletilamina y la norepinefrina. La serotonina modela el tipo humano sensato y protector. Controla el humor, el apetito y el sueño.

Al acercarse dos personas potencialmente atractivas entre sí, se produce la hormona dopamina, un neurotransmisor que inhibe la prolactina aumentando la tensión arterial, y acelera el pulso, proporcionando energía y agudizando los sentidos. Además, altera las emociones, provocando la búsqueda de una respuesta positiva. La dopamina modela el tipo humano artístico.

También se segrega la noradrenalina, que pone el cuerpo en estado de alerta y aumenta la sensibilidad. Y la adrenalina, que favorece la presencia de la dopamina. Ambas hormonas se producen en las glándulas suprarrenales, sobre los riñones, y su funcionamiento está asociado con la corteza cerebral.

La norepinefrina se deriva de la dopamina y produce euforia y mayor capacidad para recordar estímulos nuevos. Cuando la dopamina llega hasta el cerebro, produce feniletilamina, una anfetamina responsable de la sensación de felicidad. La presencia de feniletilamina en el cerebro activa la segregación de más dopamina, de norepinefrina y de oxitocina.

Mediante el intercambio de saliva en los besos, la masculina impregna de testosterona a la femenina. Esta hormona aumenta el deseo sexual.

3.- El apego
En una tercera fase, tras ese intercambio, se libera la oxitocina, que produce bienestar y empuja a desear la intimidad, resultando en apego, caracterizado por la calma y la estabilidad. Se ha llamado a la oxitocina “la sustancia del abrazo”. Se libera tras un parto, durante la lactancia y tras un orgasmo. Esto favorece el vínculo entre madres e hijos y entre parejas.

También se elucubra con que, además de potenciarlo, los niveles de oxitocina en la sangre que llegan al cerebro pueden ser el efecto secundario del amor, en un círculo vicioso. Cuando se combina la oxitocina con el estrógeno, la actitud femenina es más cariñosa. Y cuando se combinan oxitocina y testosterona, se produce somnolencia.

Acompañan al proceso la vasopresina y las endorfinas, similares a la morfina, que añaden sensación de placer. Mientras tanto, bajan los niveles de cortisol, que han aumentado antes del contacto físico, y se relajan los músculos, provocando alivio.

A todo esto habría que añadir la supuesta actuación de las feromonas, hipotéticamente presentes en el olor, que activarían la producción de hormonas y sellarían en el cerebro la atracción por determinados aromas.

El mecanismo de la memoria devuelve a la conciencia los momentos de placer y provoca el deseo de repetirlos. Ese efecto se combina con la permanencia de la oxitocina, la feniletilamina y la vasopresina, que hacen derivar la pasión hacia el apego. Esta última permanece durante largo tiempo y se incrementa, siendo llamada “la sustancia de la monogamia”.

A lo largo del tiempo van desapareciendo las endorfinas y nuestro organismo nos pide un recargo, produciendo dopamina para conseguirlo, activando el deseo de volver a estar con quien las desencadenó. Es lo que llamamos echar de menos. La ausencia del ser amado reduce la serotonina, causante de felicidad (además de la obsesión), y puede degenerar en depresión.

Si se produce un nuevo encuentro entre los mismos individuos apegados, el proceso se repite, con una duración cíclica de dos a tres años, tras los que decae la atracción bioquímica, por un mecanismo autoinmune. Antes, ha habido un período de tres a seis meses en los que la pasión es preponderante.

4.- El fin
Cuando desaparece la feniletilamina, se produce la ruptura amorosa. El síndrome de abstinencia de esta hormona se compensa en ocasiones con el chocolate, rico en feniletilamina. En ese proceso aparece el sufrimiento, localizado en el córtex cingulado anterior del cerebro, que se modifica drásticamente. La oxitocina, presente en el vínculo, también disminuye con la ausencia del ser amado.

5.- Vuelta a empezar
Si se produce un nuevo encuentro entre otros individuos con posible química mutua (nunca mejor dicho), se reanuda el proceso. Todo este recorrido puede tener ramificaciones, producirse en paralelo con otro similar, interrumpirse, reanudarse, y todas las variantes conocidas de la vida amorosa, que dista mucho de ser un sencillo relato lineal, y además del componente biológico tiene otros muy marcados, como el psicológico y el social.

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