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POEMA DEL NIÑO LOBO II | Relato Original | Poesía | "LECTURA RECOMENDADA" | Por: @nachomolina | (ESP)

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nachomolina
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24 days ago5 min read

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Autor: @nachomolina
Relato Original

Recomiendo leer
la parte anterior:
POEMA DEL NIÑO LOBO I





POEMA DEL NIÑO LOBO II

Y eramos cada vez más, escapábamos por las ventanas de los cuartos, atravesábamos los jardines traseros y nos deteníamos en las esquinas. Destrozamos el lugar golpeando las narices contra la pared repetidamente para anclar el filo de nuestros dientes. Caminábamos por el techo, la piel de nuestras caras se endurecía cual lija sobre la madera. Hacíamos señales con las uñas enterradas en la tierra, marcamos los árboles, definiendo nuestro territorio antes de perder por completo la razón, perder el sentido, dejar el rasgo humano con la locura que alimenta nuestras almas perdidas.

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Aquellas cabañas alineadas, yuxtapuestas, en medio de la nada nos daban refugio, pero solo volverían a llamarse hogar con la llegada del amanecer. Entretanto eran la prisión, una jaula de cautiverio para nuestras vidas de lobo. Desde hace un tiempo ya habíamos notado la actitud de nuestros padres con un cierto secretismo, como si sabían la razón, el legado generacional que ellos mismos dejaron en nuestras vidas marcadas por licantropía.

Mi mente se cerraba sin aviso, incontrolable ansiedad, furia y ganas de escapar. Todo en un mismo universo que me guiaba hacia el placer de lo salvaje. La columna vertebral arqueada añadía vertebras, la fibra muscular petrificada, entre dolor, distensión, surgían los pliegues continuos donde crecía el pelo como alambre, púas que marcaban mi destino. Me obligaba a apoyar las manos en el suelo utilizándolas como pies, flagelando mis muñecas invertidas, endurecidas, amarradas por los tendones. Y así, cada cual, cada uno de nosotros vivía lo mismo, trasmutados, éramos mitad animales con nuestra mente lejos de toda lógica de pensamiento.

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Actuamos como manada corriendo, derribando los cercos de madera. Ahora eran pezuñas marcadas en el lodo, pelaje gris en nuestro pecho y espalda, el latir de nuestros corazones bombeando cada vez más sangre a un cuerpo que deja lo humano y da paso a la bestia. A pesar de todo, yo guardaba el recuerdo de la corteza de aquel sauce llorón, sus raíces abrigaron mi llanto de niño en un tiempo remoto, cuando mis sentidos se aguzaron por primera vez en la noche oscura y mi dolor se desgarró sobre la humedad del pasto, la niebla, la luna de plata.

La realidad de vivir en un pequeño pueblo apartado de la civilización, situado a varios kilómetros de la ciudad más cercana, en las orillas de un pantano. La espesura del bosque, la bruma nocturna, le camuflan guardando cautivo su secreto. El instinto que nos agrupa, alejados de las cabañas y las velas encendidas en los pórticos que apenas lograban aplacar la total oscuridad. Esa noche fuimos orgullo de nuestras familias, fuimos la maldición de nuestro antepasado...

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Mostramos nuestros colmillos, parados en formación circular al borde del pantano, nuestras caras deformadas se alargaron sobre las encías sedientas de una incomprensible falsa justicia. Enfrentarse es necesario para definir el liderazgo.

Adrenalina fluyendo por nuestros tejidos, los mejores amigos convertidos en rivales con la llegada de la noche. En un duelo mortal miran al cielo desde la cúspide de una roca, esperan por su ídolo oculto tras nubes negras. Mi momento a llegado, el pelo erizado detrás del cuello me lo indica, se vuelve odio desencadenado cuando mis orejas alargadas detectan a distancia la presencia del enemigo.

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"Choque de contrapecho y la caja resonante emite una queja, fugaz vuelvo sobre el opresor y mis garras afiladas cortan la piel de su cara, traspasan el muslo. Con las fauces abiertas buscando alcanzar el cuello. Pronto el pelaje se viste de rojo sangre. Derrapados a orillas del pantano, la mejor opción es mantener el pecho erguido...
Mandíbulas atascadas unas con otras en retorcidos movimientos. El rugido ahogadizo forma parte en la prolongada medición de fuerzas, hermanos enfrentados por la preservación de su mundo irracional, demostraban de que están hechos, hasta que el poder mermase en uno y otro. Solo las pocas energías definirán entre vida y muerte. Se aproximaba el final. Vivir o morir, eran menores los rugidos, mayores quejidos, sumisión...
Pero el cielo empezaba a despejarse, aproximando el delirio, la ruina, la insoportable tentación. Escuché el llamado del manto de plata, la proximidad de la luz me dejó mirar en sus ojos de miedo. Aun más, creció el pelo detrás de mi cuello y erizado entre agujas, fui bestia, dominio, el licántropo superior.
Doblegué mi dolor e hice a un lado la mitad de mi cuerpo desecho; situado encima, los garfios entrando entre las costillas de mi rival. Logré asestar el cuello y sentir el crujir de una garganta, trituración, astas abriendo paso entre huesos y carne, seguido al giro de la muerte. Esa fue mi estocada final que marcó la batalla de lobos..."

Y me arrastré a dormir al pie de aquel sauce dejando mi hazaña entre los surcos de su tallo, entre la savia de su vida. Mirando entre sollozos la luna, su esplendor me dejaba ciego. Y lloré lobo, mientras las almas de los caídos surgieron del pantano y lobo lloré sin consuelo junto a mi herida de muerte, dejando a lo salvaje de mi mundo definir el cruel destino...

FIN

www.radio.cz

~:~


#venezuela


POEMA DEL NIÑO LOBO

@nachomolina






Saludos,
Gracias por su amable atención

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