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La pista de hielo (Libro): un crimen a tres voces

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cristiancaicedo
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23 days agoSteemit7 min read

La reciente edición de Alfaguara

Tal como lo comenté en el reciente post sobre su novela Amberes (el enlace a esa reseña se encuentra al final de esta), me vi obligado a hacer un paréntesis en mi paseo cronológico por la obra del escritor chileno Roberto Bolaño, justo después de reseñar Los detectives salvajes, para hablar de Amberes (publicada en 2002 pero escrita en 1980) y de la única novela que no tenía de Bolaño de las que editó con Anagrama: La pista de hielo.

La novela fue publicada por primera vez en España, en una edición limitada (de la cual jamás he podido ver un ejemplar), por la Fundación Colegio del Rey, luego de haber obtenido el Premio Ciudad Alcalá de Henares. Ese mismo año fue reeditada en Chile por Editorial Planeta (¿por qué no le ofrecieron un contrato?) y en 2003 por Seix Barral (esta sí la había visto y creía que era la edición original), quienes también editaron La literatura nazi en América; hasta que finalmente Editorial Anagrama la publicó en 2009. A pesar de que los derechos de toda la obra de Bolaño le pertenecen ahora a Editorial Alfaguara (quienes los han publicado en su Biblioteca Roberto Bolaño y también bajo el sello DeBols!llo) y por ello sus libros fueron descatalogados en Anagrama, estas ediciones siguen siendo mis favoritas, tanto en sus Narrativas Hispánicas, como en su colorida colección de Compactos.

Después de Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, escrita a cuatro manos con A.G. Porta y de su primera novela en solitario Monsieur Pain (una novela mala, hay que decirlo), La pista de hielo viene a ser el primer atisbo del universo literario de Roberto Bolaño, o al menos de su emergente calidad, la cual se iría perfeccionando más a partir de su siguiente libro, La literatura nazi en América.
En esta novela se presentan tres perspectivas de un mismo crimen, contadas por tres narradores diferentes: Remo Morán, un chileno próspero con pretensiones de escritor; Gaspar Heredia, un poeta mexicano, empleado de Remo, que trabaja como vigilante nocturno en un camping; y Enric Rosquelles, un emprendedor catalán inmerso en la política y perdidamente enamorado de la estrella en el centro del firmamento de la novela: la bella y talentosa patinadora olímpica, Nuria Martí.

Remo Morán vivió en México, en donde conoció a Gaspar Heredia en la adolescencia. Por ello, cuando se entera a través de una amiga en común de que Gaspar vive con dificultades en Barcelona, le ofrece un trabajo de verano (el mexicano no tiene sus papeles en regla) como vigilante en un camping en Z. Adinerado y divorciado, conoce a Nuria Martí en una reunión ecologista y al volver a verse, duermen juntos. El problema es que la patinadora es el objeto del amor obsesivo que le profesa Enric Rosquelles, quien dice que la joven es “la mujer más hermosa que jamás hubiera visto. ¡La más hermosa que jamás veré!”. Y es por ese amor que el catalán decide reconvertir (con fondos públicos) el abandonado palacio Benvingut, construido después de la primera guerra mundial, en una pista de hielo para Nuria, para que se entrene y se prepare de cara a las próximas olimpíadas, sin abandonar la comodidad de su pequeño pueblo de Z ni alejarse del propio Enric.

La historia de Gaspar parece desligarse de ese triangulo amoroso Remo-Nuria-Enric y concentrarse más bien en Caridad, la joven salvaje, violenta y extraña que se aloja en el camping con Carmen, una ruinosa cantante de ópera que se atrasa en los pagos. Cuando el administrador las echa de allí, Gaspar busca a Caridad y la persigue una noche hasta el palacio de Benvingut, en donde descubre la pista construida por Enric y ve patinar a Nuria. De esa forma, las tres narraciones se concentran alrededor de la figura de Nuria y del recinto presente en el título de la novela. De Nuria sabemos, a través de los narradores, que no tiene padre, no fuma, cuida su alimentación, practica danza, corre, nada, juega tenis, es coqueta, algo nerviosa, todo ello resumido en una frase de Remo Morán, "Nuria Martí, patinadora olímpica, la muchacha más bonita de Z".

Dos de los tres narradores están enamorados de la patinadora. Cuando Remo deduce lo de Enric, parece no entenderlo y no le da mucha importancia. Pero cuando Rosquelles ve la bici de Nuria afuera del hotel de Remo y los ve juntos, se desespera por los celos, porque ya le tenía cierto rencor a Morán por haber dañado a un mujer tan especial como Lola, ex trabajadora de Enric y ex esposa de Remo. Al leer esto, el lector que ha notado las referencias presentes desde el inicio sobre un crimen, una investigación y un cadáver, comienza a intuir lo que se contará a continuación (aunque en realidad haya sucedido al inicio de la historia). Sin embargo, una de las virtudes de la novela es sorprendernos, no sólo con la identidad del asesino, lo que ocurre en la mayoría de los thrillers y las novelas policíacas, sino también con la identidad del asesinado, lo que no es tan común.

De la misma forma en que en El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, podemos rastrear al autor a través de sus tres personajes principales, todos ellos extensiones de su creador (aunque, ¿no ocurre esto con todos los personajes?), en esta novela, los tres narradores tienen algo de Bolaño. Remo Morán vivió en México, estuvo preso en Chile en el ‘73 y confiesa que le “hubiera encantado ser detective”; Gaspar Heredia es un extranjero que vive en Barcelona y trabaja en el camping Stella Maris, mismo nombre del camping en el que trabajó el escritor chileno. Enric, quizás el más diferente a Bolaño de los tres, tiene pesadillas con la pista de hielo, influidas por la película The Shinning de Kubrick y como sabemos, Bolaño era un insomne confeso que veía películas y tenía muchas pesadillas.

La pista de hielo contiene algunas claves del universo literario de Bolaño: voces entrelazadas que anuncian polifonías posteriores, como en Los detectives salvajes; la clave policíaca presente en varios de sus relatos y en varias de sus novelas; los amores rotos, las ilusiones perdidas, el exilio. Hay un personaje secundario, un recluta, que cuando lo vemos durmiendo debajo de la estructura metálica de los puestos de helados en la playa, nos recuerda al Quemado de El tercer Reich y la escena final, a bordo de un automóvil que se aleja, nos evoca el taxi en el que el detective Abel Romero se despide del narrador en Estrella distante. En el libro Entre paréntesis, Bolaño habla de La pista de hielo y dice que el libro habla “de la belleza, que dura poco y cuyo final suele ser desastroso”. En general, se trata de una buena novela, encaminada a lo que sería el estilo Bolaño, con su sello y su fuerza, mucho mejor que la nefasta Monsieur Pain y más cercana a sus mejores obras.

Reseñado por @cristiancaicedo



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