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Amberes (Libro): lo más temprano de Roberto Bolaño.

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cristiancaicedo
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25 days agoSteemit7 min read

Una novela fragmentada

Hace pocas semanas realicé varias entradas sobre la celebrada novela de este autor chileno, Los detectives salvajes. Mi intención era (y sigue siendo) darme un paseo por su obra de forma cronológica para ir identificando sus obsesiones literarias, las conexiones entre sus libros y sobre todo, la evolución de su prosa. A la mencionada novela, publicada en 1998, le siguió su spin-off sobre Auxilio Lacouture, Amuleto, pero debido a dos hechos concretos, esa reseña tendrá que esperar.

El primero de ellos es que finalmente pude conseguir la única novela que no tenía de Bolaño de las que editó con Anagrama, La pista de hielo, publicada originalmente en 1993, antes de La literatura Nazi en América; y la segunda es que su obra de 2002, Amberes, en realidad fue escrita 22 años antes, en 1980. De igual forma como lo hice con El tercer Reich, preferí en este caso dar primacía al año en que fue escrita, por encima de su fecha de publicación y como ya no puedo deshacer el camino andado, decidí reseñar este libro (y luego La pista de hielo), antes de hablar de Amuleto.

En la introducción del libro, escrita el año de su publicación, el autor dice: “Escribí este libro para mí mismo, y ni de eso estoy muy seguro”, en una época en que “Por las noches trabajaba. Durante el día escribía y leía. No dormía nunca”. Aunque está considerada una novela, el libro tiene una estructura extraña (o más bien carece de estructura): se trata de una colección de trozos, párrafos sueltos, fragmentos, citas de libros y autores, frases y escenas que parecen pertenecer a películas que alguien ve en un televisor, sueños, pesadillas, escenas de sexo, recuerdos, se habla de un cadáver en un parque, ambulancias, policías, un tren, un jorobado, una chica pelirroja... en apariencia, todo ocurre (¿?) en Casteldefells, en el camping Estrella de mar en el que trabajó el propio Bolaño y en alguna parte leemos “Me llamo Roberto Bolaño”, por lo que el narrador pareciera ser el propio escritor. Y digo pareciera, porque también pudiera ser el fragmento de una conversación o una frase oída por el verdadero narrador. Con Bolaño, nunca se sabe.
En esencia, parece una historia de detectives en donde hay un crimen: un hombre aparece muerto en las cercanías de un camping, y un policía busca allí a una muchacha de cabello rojizo, porque ella presenció una violación. El sargento de la policía la busca porque cree que ella puede conocer al hombre que él trata de hallar, el asesino suponemos. En palabras de Bolaño, la muchacha “a veces tenía el pelo rojo, los ojos eran verdes” y “tenía dieciocho años y estaba metida en el negocio de las drogas”, pero poco más sabemos de ella.

Algunos libros del autor en DeBols!llo (Amberes en el centro)

El narrador ve muchas películas, incluso hay sesiones de cine en el bosque (¿en el camping?), por lo que no podemos estar seguros de que todo lo que se nos cuenta haya ocurrido en verdad. Quizás lo haya visto en la pantalla, o “Tal vez ha sido un sueño”. Hay escenas sueltas que no parecen tener ninguna razón de estar allí, como que alguien duerme en la estación de tren, en Mérida, rumbo a Portugal; o cuando habla de una muchacha rubia nacida en Francia de padres españoles (¿la pelirroja? ¿otra?), pero partiendo de que nuestro narrador es Roberto Bolaño, el escritor chileno, hay ciertas frases, en apariencia aleatorias, que se explican a la luz de otras de sus obras y de su propia biografía.

Además del nombre real del camping en el que trabajó durante un tiempo, Bolaño cuenta que “hay una enfermedad secreta llamada Lisa”. ¿Quién es esa Lisa que nunca más aparece en la novela? En una entrevista dada a Mónica Maristain para Playboy México, recogida en su libro Entre paréntesis, Bolaño habla sobre Lisa, Mara y Vera, amigas de su juventud y cuando la periodista le pregunta por su paisaje favorito, Roberto responde “los labios de Lisa en 1974”. Esa Lisa es nuestra Lisa. En Amberes también se habla de una andaluza de dieciocho años algo inestables, como la joven amante de Arturo Belano en Los detectives salvajes, quién también era de Andalucía. Pero quizás lo que más llamará la atención de los lectores es el fragmento que dice “Cuando niño solía soñar algo así…” y traza una línea recta que se vuelve ondulada y luego quebrada ¡es la semilla del famoso poema de Cesárea Tinajero que aparecerá luego en Los detectives salvajes!

A pesar de su brevedad, 119 páginas que en realidad son menos, y de su estructura fragmentada, el libro tiene algunas frases muy buenas como “ya no hay nada que hacer, no es necesario el gesto que nunca llegó” o “Bien mirado, es poco el tiempo que nos dan para construir nuestra vida en la tierra, quiero decir: asegurar algo, casarse, esperar la muerte”; además de algunas citas, entre las que destacan “La vida concluye en el momento en que se la fotografía” de David O. Selznick y "El amor es una mezcla de sentimentalismo y sexo", de Burroughs. Pero quizás una de las que más llame a reflexión sea el propio epígrafe, de Pascal:

"Cuando considero la corta duración de mi vida, absorbida en la eternidad precedente y siguiente - memoria hospitis unius diei praetereuntis -, el pequeño espacio que ocupo e incluso que veo, abismado en la infinita inmensidad de los espacios que ignoro y que me ignoran, me espanto y me asombro de verme aquí y no allí, ahora y no en otro tiempo. ¿Quién me ha puesto aquí? ¿Por orden y voluntad de quién este lugar y este tiempo han sido destinados a mí?"

En este Bolaño existencialista que usa ese epígrafe, puede haber también un indicio de por qué la novela es así. Ubiquémonos en tiempo y espacio. Es 1980 y Bolaño no ha publicado ninguna novela; se dedica a la poesía. Como poeta, habla del reciente suicidio de Sophie Podolski (poetisa belga, murió en 1974) y habla también de Leopardi al final: “como esos versos de Leopardi que Daniel Biga recitaba en un puente nórdico para armarse de coraje, así sea mi escritura”. Si pensamos en un poeta que comienza a transitar por la narrativa y que es un devorador confeso de libros y novelas, tiene más sentido el resultado de este libro, del cual su autor dijo, poco ates de morir:

"Amberes me gusta mucho, tal vez porque cuando escribí esa novela yo era otro, en principio mucho más joven y quizás más valiente y mejor que ahora. Y el ejercicio de la literatura era mucho más radical que hoy, que procuro, dentro de ciertos límites, ser inteligible. Entonces me importaba un comino que me entendieran o no."

En su defensa, hay que decir que nunca llegó a importarle mucho que lo entendieran, pero su prosa sí se volvió más inteligible, aunque no menos desafiante, hasta constituir una de las obras más celebradas de las últimas décadas. Comparado con sus otras novelas, Amberes es un libro diferente, pero Bolaño siempre fue el mismo.

Reseñado por @cristiancaicedo



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